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domingo, 8 de mayo de 2011

LAS PRIMERAS HAMBURGUESAS EN HERMOSILLO


Por: Carlos Lucero Aja

El tema no trata sobre muchachas de Hamburgo, Alemania, de turistas en esta ciudad de Hermosillo, sino de las hamburguesas que se comen (aunque aquellas pudieran estar como para eso), ese platillo práctico y típico de Estados Unidos que invadió al mundo en el siglo pasado (siglo XX). Antes de la mitad de ese siglo, en nuestra entonces pequeña ciudad capital del Estado de Sonora, no se conocían y lo que se acostumbraba comer eran los “lonches” de pan virginia con bolonia o salami y lechuga; prefiriéndose más los antojitos mexicanos como los tacos, las gorditas, las tostadas y el famoso menudo para los crudos.
También se saboreaban los tamales de carne con chile, los de elote y los de frijol dulce, además de los burros de frijol. La carne machaca como se conoce hoy no se comía, sino que la “carne seca”, que así se le llamaba, se comía a mordiscos acompañada de panocha y atole blanco, y de postre pinole. La carne seca se machacaba o golpeaba con una piedra para ablandarla (de donde viene el nombre de “machaca”). Fue hasta tiempo después que se comenzó a desmenuzar y revolverle huevo.


Cipriano y Celia Lucero frente a su primer Café Kiki

En aquellos ya lejanos días, la gente no acostumbraba mucho comer en la calle o en restaurantes, además de que no existían muchos establecimientos donde sirvieran comida, ya que todas las mujeres de entonces sabían cocinar y hacer tortillas de harina de trigo, llamadas “tortillas de agua” y por los guachos “sobaqueras”.

Entre los pocos “cafés” y “restaurantes”, según Moisés “el Cuervito” Zamora, estaban el restaurante El Cairo, frente al Cine Noriega, donde se servía famoso mole; Las Delicias, frente a la cantina El Gato Negro, donde los desvelados comían menudo y tostadas. En el lugar conocido como El Parián, al costado norte del Mercado Municipal, el chino Pedro Park (que se cambió después al lado del Cine Reforma), al igual que el chino Abelardo Juanz, frente a la Casa Blanca, (hacienda que estaba donde hoy está la colonia de ese mismo nombre), servían sus “chapsuys”.

Primeros empleados del Café Kiki

De lo más visitadas eran las mesitas que estaban dentro de la “Pera” del ferrocarril, que se llenaban cada vez que llegaba el tren. De estos pequeños restaurantes los más conocidos fueron los de la señora Ramona Preciado de Luna y el de la famosa “Chagua”.
También en aquellos tiempos, en las cantinas como El Gandarita, del señor Manuel Gándara, o La Bohemia, del señor Pedro Miranda, por el precio de una cerveza al parroquiano lo atiborraban de botanas como: carne con chile, morcilla, papas cocidas con chile verde, picadillo, tacos y lonches, por lo que ni falta hacían los restaurantes.

Inauguración del segundo Café Kiki

En el año de 1947, el señor Cipriano P. Lucero, junto con su esposa la señora Luz Celia Aja de Lucero (mis padres), establecieron un pequeño restaurante llamado Café Kiki enseguida de la gasolinera Pesqueira del señor Joaquín Pesqueira, en la esquina de las calles Matamoros y Sonora frente al Jardín Juárez. Allí se vendió la primera hamburguesa en Hermosillo ese año.
Al lado oriente se puso después la Nevería Chita del señor José Olivarría, torero que fue conocido con el sobrenombre de “Pepete”, que vendía las más sabrosas nieves y helados. La visión práctica del “Nito”, como llamaban al señor Lucero, quien en la Segunda Guerra Mundial fue sargento en jefe de cocina en Nueva Guinea y por lo tanto con experiencia en alimentos, lo llevó pronto a incluir en el menú los primeros “chili beans” y otros antojitos norteamericanos como: “sandwich de jamón y queso amarillo”, “hamburguer steak”, “cheeseburger”, los famosos “hot dogs” y las “leches malteadas”.

Cipriano Lucero, sargento en jefe de cocina en la Segunda Guerra

Sobre los “hot dogs” diremos que ya se conocían y se vendían aquí los “winiers” o salchichas, pero se comían en rebanaditas dentro del pan virginia, por lo que el primero de esos al estilo gringo se sirvió también en el Kiki. El pan alargado no existía en Hermosillo, por lo que el señor Lucero le explicó al señor Silvestre Munguía, dueño entonces de la panadería La Vencedora (hoy Los Tres Milagros), cómo debían ser los dichosos panes: -“como los virginia pero alargados”, los que se comenzaron a fabricar desde entonces.
A medida que las hamburguesas y los hot dogs les fueron gustando a los hermosillenses y visitantes, los establecimientos que los vendieron aumentaron en número y todas las panaderías fabricaron el pan para ese alimento. Pequeña sucursal del Kiki se puso por corto tiempo, en 1950, en el Hotel Calderón por la calle Rosales (donde estuvo después el restaurante Las Cazuelas, de histórico fin, el Hotel Internacional y hoy edificio de Telcel).

Cipriano Lucero con empleadas del Café Kiki

Por esas mismas fechas aparecieron el Nogales Café, por la calle Matamoros, del señor Isidoro Angulo, su propietario; la refresquería El Limoncito, en la esquina noreste del Jardín Juárez; el Café Boulevard, por la avenida Serdán (donde estuvo la tienda Mazón Hermanos y hoy está Famsa), que vendía tamales y café, cambiándose después a un nuevo local por la avenida Doctor Noriega con el nombre de Rosticería El Rodeo, especializándose en carne asada.
El negocio de los esposos Lucero fue prosperando y se cambiaron a fines de 1955 a un local más amplio y nuevo en el recién estrenado edificio llamado Café Combate, al lado norte de la radiodifusora XEDM y del Cine Sonora. A este nuevo restaurante acudían principalmente los jóvenes de antaño a saborear su alimento preferido y a escuchar en la “sinfonola” o “rocola” los éxitos musicales de entonces como: “Los marcianos llegaron ya”, “Pimpollo”, “Pancho López” y muchas otras; llenándose también de gente que salía de los cines Nacional, Sonora y Lírico que rodeaban al Jardín Juárez.

Café Kiki en el Edificio del Café Combate

De allí el Café Kiki se cambiaría más lejos, en 1958, esta vez hasta la colonia Pitic en un edificio de su propiedad, en la esquina de Carretera Internacional (hoy boulevar Eusebio Francisco Kino) y calle general Ramón Yocupicio, al poniente de la gasolinera El Capitán (que después se cambió a esa esquina). Nuevamente la sociedad hermosillense siguió asistiendo a este lugar a saborear las mejores hamburguesas, aprovechando el nuevo servicio de atención en los automóviles conocido como “drive in”. Como estaba a la entrada norte de la ciudad, paso de los turistas norteamericanos, era parada obligatoria para ellos, donde además obtenían información de todo tipo para su estancia en el país que les proporcionaba el señor Lucero en su propio idioma o ayuda en alguna emergencia, ya que todavía no existía el Consulado de Estados Unidos en la ciudad. Dicho restaurante era también sitio de convivencia de los aguerridos alumnos del Colegio Regis.

Café Kiki en la Colonia Pitic

A partir de los años sesentas apareció otro restaurante muy visitado por los jóvenes estudiantes: el Café Pradas, por la avenida Serdán casi esquina con la calle Matamoros, donde también vendían hamburguesas y la refresquería Las Delicias del Parque, en el Parque Madero, frente al estadio de béisbol Fernando M. Ortiz (hoy Parque Infantil).
El Café Kiki llegó a su fin el 13 de julio de 1968, 21 años después de su fundación, gracias a que desagradecidos y malos empleados recién sindicalizados “mataran su gallina de los huevos de oro alentados por el líder cetemista Francisco Bojórquez Mungaray. Eso influyó en el ánimo de mi padre quien falleció dos años después, el 22 de octubre de 1970, a los sesenta años de edad, en Los Ángeles, California, a donde había ido a comenzar de nuevo. El restaurante se clausuró y después de un largo juicio donde mi madre se tuvo que declarar “loca”, porque el susodicho líder no dejaba cerrarlo, se remató junto con una casa de dos pisos recién construida en la parte posterior, donde viviríamos, para pagarles a los empleados, quedándose el de la CTM con la mayor parte del pastel. Entre los pocos empleados leales a su patrón estuvieron Rita Romero y Manuel Ríos Delgado.

Café Kiki en 1966

En el mismo edificio del restaurante se instaló después la nevería del señor Jorge Corral llamada Helados Ricco, derrumbándose posteriormente para instalar sobre ella la gasolinera. A partir de aquella fecha comenzaron a aparecer nuevos restaurantes donde se vendieron hamburguesas o hot dogs. Entre los más conocidos estuvieron el Kon Tiki, La Ponderosa, los Hot dogs Medina, apareciendo en los setentas el Happy Boys, el Manix, el Napys y el Japs, la mayoría ya inexistentes.

Cipriano Lucero atendiendo turistas norteamericanos

A medida que Hermosillo fue creciendo en tamaño y en número de habitantes, surgieron establecimientos gastronómicos de todos tipos, desde la comida sonorense y mexicana hasta la internacional y para todos los paladares y bolsillos. Con la inmigración de la gente del sur del país se establecieron gran cantidad de taquerías, tortas y licuados de frutas, apareciendo años después las pizzerías y posteriormente los “sushis”. Frente a la Universidad de Sonora fueron llegando poco a poco expendedores de hot dogs en sus propios carritos “hatdogueros” móviles, hoy sitio turístico y obligado para los amantes de ese alimento, sólo que ya no en su estilo original estadounidense, sino en una nueva modalidad que los ha hecho famosos dentro y fuera de la ciudad con sus hot dogs al “estilo Hermosillo”.

Familia Lucero en la construcción del tercer Café Kiki





Interior del segundo Café Kiki








Celia de Lucero en el Kiki de la Pitic


Cipriano Lucero y su hermana Elvira

Tomado del Portal CONTACTOX del gran amigo Claudio Escoboza Serrano, en el enlace :
http://www.contactox.net/index.php?option=com_content&task=view&id=3387&Itemid=1

1 comentario:

Sabías Que? dijo...

Gracias por estar siempre hurgando en el baúl de los recuerdos, que en este caso es tu prodigiosa memoria de investigador histórico, que como siempre nos haces viajar al pasado carcomido lleno de telarañas a esos lugares en donde las fotos en blanco y negro hacen de las suyas dejándonos un buen sabor de antaño. Alguno de quienes posan en estas
fotos parecieran sospechar, por su mirada, que a mas de cincuenta años después otro, que soy yo, se detendría en ese momento, justo el instante de encerrar cierto pedazo de tiempo en este espacio de papel y luz. Gracias a ese clic
fotográfico, quizás anónimo que tienen mucho de ADN, guardan la herencia de nuestras andanzas, encierran la línea que conduce hasta el presente, que sabemos también es pasado y es futuro. Son el resplandor y la memoria en donde
tus imágenes llaman al movimiento, claro y también al diálogo podemos apreciar como vivían nuestros padres y abuelos en un hermosillo con cierto aire de pueblo en calma que muy pronto se rompería esta para convertirla en una ciudad
pujante y hermosa.

Todos los lectores te felicitamos y deseamos tenerte mas tiempo junto a nosotros. Para que nos sigas narrando con esa exquisita claridad y sencillez y dejarnos sorprender con tus emotivos e interesantes artículos de nuestra historia y
la manera en como deshilvanas los pequeños pedazos de historia que creíamos perdida y de la manera de como realizas la emotiva reconstrucción de la historia de los hombres que construyeron nuestro querido Hermosillo

De nuevo felicidades Carlos. Por atraparnos con tus bellas historias de nuestras raíces hermosillense.

Los lectores esperamos con ansias tus nuevos artículos.

Me despido citando una bella cita:

En lo pasado está la historia del futuro.
autor: José Donoso Cortés