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Mostrando las entradas etiquetadas como POESIA
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Cuando estemos viejos y se nos achique el paisaje en los ojos y el sol del invierno se nos ponga flojo y nos cachetee la cara el espejo cuando estemos viejos y tiemblen mis manos al tomar las tuyas y nos falte el llanto la risa y la bulla de esos dos diablillos que ya estarán lejos. Cuando estemos viejos cuando estemos solos cuando no haya nada y nos duela todo cuando solo exista la casa vacía y anden en silencio tu sombra y la mía nos querremos tanto! que nuestro cariño llenará la ausencia de esos dos chiquillos... Cuando estemos viejos yo te lo prometo,compañera mía! serán nuestros años plenos de dulzura serán nuestras horas llenas de poesía andaremos juntos,viejitos inquietos las 4 estaciones de un mundo de nietos y verás,mi vida,que miente el espejo pues seremos novios cuando...estemos viejos... La letra es de un hermoso vals Peruano hecha poesía en la voz del locutor mexicano Paco Stanley, ya fallecido.

“YA DE VIEJO”

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Ya de viejo es del sabio en mi entender, la sapiencia que me deja de la vida el conocer: lo que es bueno, lo que es malo y lo que ambas cosas pueden ser, dependiendo en la manera como encauce tal saber. Aprendí, ya de viejo, que si sólo hago lo que he hecho obtendré lo mismo, pues cosecho según haya sembrado: aceitunas si olivos, espinas si cardos, paz si el amor, nunca el bien si lo malo. Me ilustré del sabio, ya de viejo que él no juega con fuego, el listo, al ser visto sí lo hace pero finge no quemarse; el primero enfrenta riesgos y aprende a ser valiente, el segundo cree que es bravo sólo aquel que así nace. Supe que las chanzas no se esperan sino que debo buscarlas y que al primero que he de amar es al hombre del espejo, al que siempre en las mañanas habré de sonreír, pues sin duda ese guapo merece ser feliz. Desde joven comprendí que es cosa buena la política, pero hoy los hechos me confirman que eso es sólo en el papel, pues sus actores ratifican al fragor de la contienda, que h...

SÁTIRA FILOSÓFICA

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Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695) Arguye de inconsecuentes el gusto y la censura de los hombres que en las mujeres acusan lo que causan Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis: si con ansia sin igual solicitáis su desdén, ¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal? Combatís su resistencia y luego, con gravedad, decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia. Parecer quiere el denuedo de vuestro parecer loco, al niño que pone el coco y luego le tiene miedo. Queréis con presunción necia, hallar a la que buscáis, para pretendida, Thais, en la posesión Lucrecia. ¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de consejo, él mismo empaña el espejo y siente que no esté claro? Con el favor y el desdén tenéis condición igual, quejándoos, si os tratan mal, burlándoos, si os quieren bien. Opinión, ninguna gana; pues la que más se recata, si no os admite, es ingrata, si os admite, es liviana. Siempre tan necios a...

"Las medias rojas," by Emilia Pardo Bazán

annotated by Ellen Connell Cuando la rapaza entró, cargada con el haz de leña que acababa de merodear en el monte del señor amo, el tío Clodio no levantó la cabeza, entregado a la ocupación de picar un cigarro, sirviéndose, en vez de navaja, de uña córnea color de ámbar oscuro, porque la había tostado el fuego colillas. Ildara soltó el peso en tierra y se atusó el cabello, peinado a la moda de las señoritas y revuelto por los enganchones de las ramillas que se agarraban a él. Después, con lentitud de las faenas aldeanas, preparó el fuego, lo prendió, desgarró las berzas, las echó en el pote negro, en compañía de unas patatas mal troceadas y de unas judías asaz secas, de la cosecha anterior, sin remojar. Al cabo de estas operaciones, tenía el tío Clodio liado su cigarrillo, y lo chupaba desgarbadamente, haciendo en carrillos dos hoyas como sumideros grises entre lo azuloso de la descuidada barba. Sin duda la leña estaba húmeda de tanto llover la ...

RIMAS. Gustavo Adolfo Bécquer

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RIMA IV Mientras haya unos ojos que reflejen los ojos que los miran, mientras responda el labio suspirando al labio que suspira, mientras sentirse puedan en un beso dos almas confundidas, mientras exista una mujer hermosa, ¡habrá poesía! RIMA XXX Asomaba a sus ojos una lágrima y a mi labio una frase de perdón; habló el orgullo y se enjugó su llanto, y la frase en mis labios expiró. Yo voy por un camino; ella, por otro; pero, al pensar en nuestro mutuo amor, yo digo aún: -¿Por qué callé aquel día? Y ella dirá: -¿Por qué no lloré yo? RIMA XXIII Por una mirada, un mundo, por una sonrisa, un cielo, por un beso... ¡yo no sé que te diera por un beso! Gustavo Adolfo Bécquer