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sábado, 12 de marzo de 2011

“YA DE VIEJO”






















Ya de viejo

es del sabio en mi entender,
la sapiencia que me deja
de la vida el conocer:
lo que es bueno, lo que es malo
y lo que ambas cosas pueden ser,
dependiendo en la manera
como encauce tal saber.
Aprendí, ya de viejo,
que si sólo hago lo que he hecho
obtendré lo mismo, pues cosecho
según haya sembrado:
aceitunas si olivos,
espinas si cardos,
paz si el amor,
nunca el bien si lo malo.
Me ilustré del sabio, ya de viejo
que él no juega con fuego,
el listo, al ser visto sí lo hace
pero finge no quemarse;
el primero enfrenta riesgos
y aprende a ser valiente,
el segundo cree que es bravo
sólo aquel que así nace.
Supe que las chanzas no se esperan
sino que debo buscarlas
y que al primero que he de amar
es al hombre del espejo,
al que siempre en las mañanas
habré de sonreír,
pues sin duda ese guapo
merece ser feliz.
Desde joven comprendí
que es cosa buena la política,
pero hoy los hechos me confirman
que eso es sólo en el papel,
pues sus actores ratifican
al fragor de la contienda,
que han logrado convertirla
a su provecho, en una mierda.
Ah, qué pena que de viejo
aprendí del mal del miedo,
que es un lastre que nos hace
trabajar a la mitad;
y que la prisa es un invento
que también provoca errar,
porque aunque Dios nos da el tiempo,
cosa nuestra es matizarlo de ansiedad.
El valor de la ACTITUD
para impactar en la vida,
es más importante que ganar
que el éxito y que el dinero;
más notable que los mismos hechos
es cómo reacciono ante ellos,
pero pude asimilar tal instrucción
... ya de viejo.
Tengo ya por bien sabido
que lo más valioso no se compra
que es asunto divino el otorgarlo
y humano el conservarlo;
que el corazón del hombre
tiene ojos que no se cansan,
que Dios es bueno... de más
y que su paz busca mi alma.
Que hacen falta sacerdotes
pero hacen más falta los santos,
que ser poeta es bueno
... pero no tanto;
que el dueño de la mies
sigue esperando,
que abril es lo que es
por los demás meses del año.
Sé que en el amor está la elocuencia
y que con él la nieve arde,
que con su vara soy exacto sin medir
y sabio sin prepararme,
profundo sin meditar
y en la pasión... tierno amante;
que mi padre es la cabeza
y el corazón es mi madre.
Que puedo ser joven de cien
o vejestorio de treinta,
que cada edad tiene su encanto
y que depende de mí
el candor de su balada;
¡ Oh, Dios, gracias por todo,
qué bonita es la vida
... qué chulada !
Bruno Pablos.
Tomado de Antología poética sonorense

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