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jueves, 3 de febrero de 2011

LOS AMORES DE PAULINA BONAPARTE

Queridos lectores antes de empezar a leer este interesante artículo me gustaria ponerles esta bella pieza del Johannes Brahms Danza húngara n.º 5, en sol menor, pianista y compositor alemán de música clásica del Romanticismo. A Brahms se le considera el más clásico de los compositores románticos, manteniéndose fiel toda su vida al clasicismo romántico y conservador influenciado por Mozart, Haydn y en especial Beethoven.


Empezamos

LOS AMORES DE PAULINA BONAPARTE

Su belleza y su apellido provocaba los ardores de los hombres y la envidia de las mujeres. Cuando ella llegaba a alguna reunión no se podía hablar más que de vestidos y tocados: la sola mención de algún tema artístico o literario provocaba el enojo de Paulina pues era nula en esos terrenos.



Antes de que terminara de perder su reputación, Napoleón consiguió casarla con el general Charles Leclerc. Paulina tenía dieciséis años y ninguna disposición para el matrimonio. No tardó en conseguirse un par de amantes, entre ellos uno a quien compartía con su cuñada Josefina.

Leclerc pudo haber tolerado las habladurías (tampoco le quedaba otra), pero Napoleón, no: de un día para el otro envió al general -con su esposa, por supuesto- a Santo Domingo a sofocar una rebelión de la población negra.

Paulina -como muchas francesas en Centroamérica- no tardó en des
cubrir el ardor de los mulatos. Eso ya fue demasiado para Leclerc. De todos modos -era un hombre muy discreto- no rompió con su mujer, sino que se limitó a lanzar un edicto: "Las mujeres blancas que se prostituyan con los negros, cualquiera que sea su rango, serán enviadas a Francia."

La joven debió cuidarse, pero no por mucho tiempo: en 1802 la fiebre amarilla la dejó viuda a los veintidós años. Paulina tomó el primer barco que zarpaba rumbo a París y llevó
el corazón de su marido en una urna de oro que decía: "Paulette Bonaparte, casada con el general Leclerc el 26 pradial, año cinco, ha encerrado en esta urna su amor junto al corazón de su esposo…".
Llevaba también cuatro esclavas y un esclavo para su placer personal.

Al año siguiente se casó con Borghese y la pareja viajó a Roma. A pesar de que allí se aburría demasiado (sólo sus esclavos-masajistas parecían entretenerla), Napoleón no le permitió volver: "Si te obstinas en volver a París, no cuentes conmigo. Yo no te acogeré sin que antes ceses los desacuerdos con tu marido y las antipatías por Roma. Ponte bien con el príncipe, acoge bien a los romanos y procura vivir como corresponde a mi nombre
y a tu alcurnia."

Por esos días llamó a Canova y le pidió que la "inmortalice" en una estatua. Pero no una cualquiera: debía ser una Venus o, por lo menos, una Galatea. Paulina posó desnuda, recostada en una chaise-longue con una manzana en la mano. Fue la obra maestra de Canova, pero uno de los más grandes escándalos en Roma. ("¡Oh..! Estaba encendida la chimenea", dicen que contestó Paulina cuando alguien le preguntó cómo podía desnudarse ante un extraño.)

Finalmente se reconcilió con Napoleón y
volvió a París en los días de la coronación de su hermano como emperador… Más aun: ella y su madre fueron los únicos miembros de la familia que lo acompañaron al exilio en la isla de Elba.

Pero la tuberculosis agravada por la vida desordenada que siempre llevó- pudo con ella: murió en 1825, antes de cumplir los cuarenta y cinco años. Dicen que lo último que hizo fue mirarse al espejo. El príncipe estaba a su lado; la enterró en el panteón familiar. de los Borghese.

Enrique Valdearcos Guerrero. Historia del Arte

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