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jueves, 10 de febrero de 2011

EL ATAÚD QUE VOLVIÓ

Muy buenas noches queridos lectores.

Como siempre disfrutando mi rica taza de café. Los saludo desde la Cd. de Hermosillo la capital del Sol.

Esta noche voy contarles una historia asombrosa. Se que les va a gustar. Pero antes me gustaría compartir con ustedes esta linda canción. El año del gato de All Stewart, cantante y compositor británico, nacido en Glasgow, Escocia, el 5 de septiembre de 1945. Stewart es reconocido por su sencillo "Year of the Cat" grabado en 1976.
Dale PLAY



Así que pónganse cómodos y disfruten de esta bella canción y esta historia asombrosa.
Hasta la próxima con otra historia asombrosa.

EL ATAÚD QUE VOLVIÓ





Ya sabemos que las casualidades no existen. A lo sumo hay hechos a los que podemos llamar coincidencias. Este es uno de ellos, por cierto muy misterioso. Ocurrió a fines del siglo pasado a un actor que atraía al público de la época. Nacido en la Isla Príncipe Eduardo, en Canadá, se trasladó de joven a Estados Unidos, donde entonces ya habían más oportunidades para la gente de su profesión. No le fue mal y formó parte de una compañía ambulante que viajaba de pueblo en pueblo, llevando en su repertorio obras de teatro de la más diversa índole. Era el protagonista de muchas de esas piezas teatrales, debido a la gran atracción que ejercía sobre el público, y a su gran versatilidad (cambiaba fácilmente del drama a la comedia). En 1899, en una de aquellas giras, la compañía llegó a Galveston Texas, sobre la costa del Golfo de México. Luego de la función, el actor enfermó súbitamente de una fiebre desconocida y murió a los pocos días. Sus compañeros lo enterraron en el cementerio del lugar, en un ataúd forrado por dentro con plomo y construido con la mejor madera que encontraron. Era el último homenaje. Un año después, la ciudad de Galveston fue azotada por un huracán. Las aguas del golfo la inundaron casi totalmente y hubo muchas víctimas. El torrente marino arrastró muchas pertenencias de los pobres habitantes del lugar y, también, varios ataúdes que afloraron a la superficie, entre ellos, el de el famoso actor. El cajón, junto a otros cientos, flotó cerca de la costa algún tiempo, hasta que las corrientes del golfo lo lanzaron al mar abierto. Durante ocho años navegó de manera trágica y grotesca, llevado por la fuerza del océano: bordeó la península de Florida y recorrió toda la costa este de Estados Unidos. En Octubre de 1908, el ataúd fue visto por un grupo de pescadores, que lo rescató de las aguas y lo llevó a tierra firme. He aquí la coincidencia: el lugar donde lo desembarcaron era la isla Príncipe Eduardo. El actor fue sepultado a menos de mil metros de la iglesia donde había sido bautizado. El círculo se cerraba.
El telón caía por última vez en su caso, pa
ra regalarnos esta historia asombrosa.

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