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lunes, 28 de febrero de 2011

Así era Francisco Ignacio Madero

ERA DE estatura baja sin llegar a ser lo que nosotros los mexicanos llamamos muy expresivamente "chaparro". Si las personas que lo rodearon le decían el "chaparrito", ello era mas bien por cariño y simpatía que precisamente por su estatura. Sin embargo, su estatura era en verdad mas baja de lo regular; sus facciones no eran hermosas, pero si agradables. Diríamos que era de una fealdad muy varonil.
Abultada y alta la frente; los ojos pardos, muy vivaces y expresivos. Desde su juventud dejó crecer su barba, hasta usarla estilo francés, de piocha.
Su pelo era de color castaño, sedoso y lacio. Desmedrado, de fuerte complexión, verdaderamente vigorosa. Muy ágil de movimientos y de tipo marcadamente castizo, predominante en su familia. Sus ademanes eran característicamente norteños; ásperos, bruscos, arrogantes. Su hablar era fuerte y claro; la espina dorsal erecta, como de hombre no acostumbrado a las inclinaciones y genuflexiones.
Su temperamento era nervioso, lo que percibía fácilmente los que lo trataban, y adolecía de un tic nervioso que consistía en levantar el hombro izquierdo.
Gran caminante, gustaba de emprender largos recorridos. Jinete a caballo, era incansable. Era además, un gran nadador.
En este tipo vigoroso, enérgico y decidido, afloraba como sorprendente contraste, una expresión clara y nítida de bondad y dulzura. Si los ojos son la ventana del alma, los suyos dejaban ver un alma grande, noble, pura, capaz de todas las empresas, de las mas sublimes decisiones, de los mas aquilatados sentimientos, de los mas grandes ideales. Su rostro, en fin, transpiraba la expresión del amor a todo lo bueno, santo y puro.
Su vigor corporal era la garantía completa de la fuerza de su bondad y pureza. El físico de madero garantizaba el asiento de su alma iluminada. A toda virtud, a toda expresión espiritual, correspondía una cualidad física, ecepto una: su corta estatura no correspondía a su alma de gigante(1).


Blanco, barbado, pequeñito, enfebrecido de fe, bueno como el pan, humilde como San Francisco, siempre me ha recordado a David; su honda fue la que abatió a Goliat, gigante fue la dictadura.
Al servicio de la causa del pueblo puso sus caudales y la vida propia, y la de los suyos. De el lo que mas se recuerda es la sonrisa, la palabra dulce y cariñosa, hasta para sus amigos.
En su brega no faltaban, a su hora, los soles y los rayos, pero aun en su fuego había ternura de creación, calor de hogar. Nadie dijo del dictador cosas mas desapasionadas, mas justas, y hasta el ultimo momento, hasta el ultimo limite, lo llamo a la verdad con la razón mas serena, mas lucida, mas cordial, a despecho de los violentos que no alcanzaban la mejor fuerza del hombre.
Todavía no se ha visto bien cuánta sangre evitó, con haber habido mucha, ese juego milagroso entre la amonición y el combate, de la amonición que no frenaba sino fortalecía su combate. En este nunca usó el odio, porque no lo sentía, porque no lo conocía, porque lo había dejado en los remotos orígenes del hombre común, ni en el poder la venganza porque había venido precisamente para desterrarla.
Envuelto en la luz bienhechora, en ella cabalgo sin desmayos, en ella descansó sin temores y en ella murió sin flaquezas (2)

Fuente:
(1).- Adrián Aguirre Benavides.


(2).- Andrés Iduarte, tomado del libro Madero y Pino Suárez. Selección de Arturo Arnaiz y Freg. (1963)

Voz de Francisco I. Madero




1 comentario:

mguel angel ramirez dijo...

si pero,cual era su estatura real en cms o metros.Ya ponen de todos menos la de el,solo dicen que era bajito.pero cual era realmente su estatura.
y si realmente fue un gran heroe para mexico.
saludos.