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domingo, 30 de enero de 2011

REFLEXION Henry Adams.

Los padres dan la vida, pero como padres no dan nada más. Un asesino la quita, pero su acto no pasa de ahí. A un maestro le concierne la eternidad, no puede decir donde se detiene su influencia. De un maestro se espera que enseñe la verdad, y tal vez se haga ilusiones de hacerlo, si se queda en el alfabeto o la tabla de multiplicar, como una madre enseña la verdad al hacer que su hijo coma con una cuchara; pero la moral es una verdad muy distinta y la filosofía es aún más compleja. Un maestro debe tratar la historia como un catálogo, un registro, un /romance/, o como evolución, y tanto si afirma como si niega la evolución, cae en la ardiente pira del abismo. Hace de sus alumnos sacerdotes o ateos, plutócratas o socialistas, jueces o anarquistas, casi a pesar de sí mismo. Incoherente e inmoral en esencia,
la historia había de enseñarse como tal... o ser falsificada.

— Henry Adams.

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