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jueves, 27 de enero de 2011

DEBUT Y DESPEDIDA. Franz Reichelt El hombre pájaro que NO pudo volar



DEBUT Y DESPEDIDA.
Franz Reichelt; El hombre pájaro que NO pudo volar

Desde el principio. El hombre se vio fascinado cuando las aves alzaban el vuelo, y durante siglos, el hombre intento imitar su vuelo. Con el tiempo a base de tenacidad y esfuerzos, basados más que todo en la curiosidad, logra su sueño más anhelado volar.
Leonardo Da Vinci también intento diseñar un paracaídas. Para Leonardo, el hombre podría dominar el vuelo. Pero también debería estar preparado para atenuar una caída. Concibió la idea del paracaídas, e indicó claramente sus dimensiones. Dejó escrito: "si un hombre dispone de un dosel de paño que tenga 12 brazos de cara por 12 de alto, podrá arrojarse de cualquier altura, sin hacerse daño". Por esta razón experimento modelos con ese objetivo, hasta que inventó el paracaídas, con un diseño similar a los acutales.
Fue probado con éxito desde una torre construida especialmente para ello. Reichelt había estudiando los diseños de Leonardo da Vinci, y llegó a inventar este traje que sería una revolución como paracaídas, a pesar de que un año antes (1911) el italiano Joseph Pino había diseñado ya y probado con éxito el paracaídas para pilotos de aviación, Y muchos años antes, en 1797, Andre Garnerin había realizado muchos saltos; entre ellos uno de 8.000 pies de altura sobre Londres con un paracaídas con campana de seda de unos 7 metros de diámetro.


Debut y despedida.

La mañana del 4 de febrero del año 1912, Franz Reichelt un famoso sastre en el París del 1900 reunió a varios amigos y personalidades de la época frente a la famosa torre Eiffel para demostrar que su invento, una especie de paracaídas inspirado en un murciélago, servía para caer suavemente a tierra, desde cualquier
altura, sin sufrir rasguños. La primera prueba la realizó con un muñeco, pero este cayó violentamente al suelo, y el sastre argumentó que el muñeco, al no poder abrir los brazos, fracasó. Decidió hacer entonces, él mismo el salto, para demostrar la correcta técnica.
Las autoridades de la Torre Eiffel se negaron, diciendo que Reichelt necesitaba un permiso especial de la Policía. Extrañamente, la Policía otorgó ese permiso, pero antes, las autoridades de la Torre Eiffel le hicieron firmar un documento que las liberaba de toda responsabilidad si el invento fallaba.
Lo último que haría poner en practica su sueño,un equipo de filmación con (por lo menos) dos cámaras estaba preparado para registrar el acontecimiento.

Reichelt, desde lo alto de la torre Eiffel, duda mucho antes de saltar.
Finalmente lo hace. Cayó de forma violenta, dejando un considerable agujero en el suelo.

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